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lunes, 15 de abril de 2024

Las etapas de la Revolución Industrial


Primera etapa:
Comenzó en Inglaterra hacia 1760. Se empezaron a utilizar nuevas maquinarias a vapor. A partir de estas mejoras en la industria textil, se modificó la organización del trabajo en una nueva unidad de producción: la fábrica.  A  través de la relación salarial se vincularon dos nuevos grupos sociales: obreros  y burguesía industrial. Canales y ferrocarriles fueron los principales medios de transporte.
Segunda etapa: 
 Se inició en torno a 1870. Se caracteriza por mejoras decisivas en los transportes y comunicaciones, que generaron una economía en escala internacional. Se utilizaron las nuevas fuentes de energía del petróleo y electricidad. Expansión de nuevas industrias eléctrica, química y siderúrgica. Industrialización de Alemania, Francia, EE.UU.
Tercera Etapa: 
Corresponde a fines de siglo XX hasta la actualidad, desarrollo de las tecnologías de la información, electrónica y robótica aplicada a la producción de bienes.

La División Internacional del Trabajo a fines del Siglo XIX

 

Hacia fines del siglo XIX, el desarrollo industrial no era igual en todos los países. En el continente europeo, Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica tenían un importante desarrollo económico. Entre ellos se destacaba Gran Bretaña, que se había convertido en la principal potencia económica mundial.

 

    Los nuevos medios de transportes y comunicaciones permitieron establecer intercambios comerciales aún entre zonas muy alejadas. A partir de ese momento casi todos los países del mundo comenzaron a estar vinculados comercialmente.

 

    Poco a poco, la economía mundial se fue organizando de acuerdo con lo que producía y, por lo tanto, con lo que vendía en el mercado internacional. Mientras los países de Europa Occidental, Estados Unidos y Japón se especializaban en la producción de bienes industriales, el resto de los países se dedicaron a la producción primaria (materias primas y alimentos). A este sistema de especialización de la producción e intercambio se lo denominó División Internacional del Trabajo.

 

    Así, el mundo quedó dividido en dos áreas:

• la de los países industriales o centrales y

• la de los países de producción primaria o periféricos.

 

    Pero no sólo se intercambiaban productos. Grandes empresarios, banqueros y ricos comerciantes de los países industriales invertían parte de sus capitales en los países periféricos, sobre todo en ferrocarriles y en otras actividades vinculadas a la producción primaria (producción de alimentos y materias primas).

 

    Además en este período millones de personas se trasladan de países centrales a periféricos en busca de trabajo.




martes, 9 de abril de 2024

Segunda Guerra Mundial. Documentos

Artículo de http://www.elhistoriador.com.ar/

¿Por qué se tiró la bomba atómica en Japón? ¿Fue una decisión militar de ‘último recurso’? ¿O fue una decisión geopolítica mirando hacia Moscú, que dio inicio a la Guerra Fría? Luego de lo que puede ser considerado el acto terrorista más grande de la historia mundial, la madre del presidente estadounidense Truman comentó: “Me alegra que Harry haya decidido terminar la guerra. No es un hombre lento. Llega pronto adonde va”.
Mientras las tropas soviéticas y norteamericanas avanzaban hacia Berlín, el 1° de mayo de 1945, Hitler se quitó la vida y tres días después Alemania se rindió. Pero las batallas del Pacífico continuaron durante varios meses. Allí, la flota norteamericana avanzaba hacia el Japón, país que en 1941 había bombardeado Pearl Harbor, lo que significó el ingreso abierto por parte de Estados Unidos a la contienda bélica.
Sin la mediación soviética, el nuevo presidente Truman y Winston Churchill, desde Potsdam, exigieron el 26 de julio de 1945 la rendición japonesa, advirtiendo que si no lo hacía, pagarían con la “destrucción total”. Poco antes, el ejército norteamericano había probado la bomba atómica y la amenaza era concreta, también para los aliados, en vistas a los próximos acuerdos de paz.
El 6 de agosto, la aviación norteamericana arrojó la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, al sur del Japón. Tres días más tarde, una nueva bomba destruyó Nagasaki. El 14 de agosto, Japón aceptó las condiciones de Potsdam y el 2 de septiembre firmó una rendición formal. En Hiroshima, murieron en el acto 80 mil personas, mientras más de 300 mil resultaron heridos, falleciendo de forma horrible semanas o meses después. Casi todos eran civiles. Una cifra similar sufrió Nagasaki. La bomba generó un calor instantáneo de 3900 grados y vientos de mil kilómetros por hora. Todavía hoy se sienten los efectos radiactivos y las mutaciones genéticas. Meses antes, Tokio había sido también bombardeada con bombas incendiarias, en el raíd aéreo más destructivo de la historia, que mató a más de 330 mil personas.
                                                                            
De esta forma, los países de la civilización y el liberalismo, ponían fin a una guerra. Estados Unidos dejaba definitivamente atrás su política de aislamiento en el continente. El avión B-29 Enola Gay, que arrojó la bomba sobre Hiroshima, todavía permanece en exhibición en el Museo Nacional del Aire y el Espacio norteamericano.
Recordamos el suceso con las palabras de Albert Camus, publicadas dos días después de arrojarse la bomba sobre Hiroshima.

“Cualquier ciudad de mediana importancia puede ser arrasada por una bomba del tamaño de una pelota de fútbol. La civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo. Ya se respiraba con dificultad en un mundo torturado. Y he aquí que se nos ofrece una nueva angustia…Nos rehusamos a sacar de tan grave noticia otra conclusión que no sea la decisión de abogar más enérgicamente aun en favor de una verdadera sociedad internacional, en la que las grandes potencias no tengan derechos superiores a los de las pequeñas y medianas naciones, en que la guerra no dependa más de los apetitos o de las doctrinas de tal o cual estado.”
Albert Camus
Fuente: Albert Camus, Combat, 8 de agosto de 1945, en Moral y Política, Biblioteca clásica y contemporánea, Buenos Aires, Editorial Losada, 1978, págs. 57-59.



El Museo del Holocausto de Israel recibió un diario escrito en Polonia por una adolescente judía -Rutka Laskier - antes de ser deportada a Auschwitz. El diario concluye en abril de 1943.
“Si Dios existiera, no permitiría que los seres humanos fueran arrojados vivos a hornos y que las cabezas de pequeñas criaturas fueran aplastadas con las culatas de armas o que asesinaran gente con gas. (…) Tengo la impresión de que ésta es la última vez que escribo. ¡Ojalá todo esto terminara ya de una vez! Esto es un tormento. Es el infierno (...) Me estoy convirtiendo en un animal que aguarda su muerte”, dijo la adolescente unos meses antes de morir. 

Fuente: Diario Página/12, suplemento Radar, domingo 24 de junio de 2007, diario Clarín, miércoles 6 de junio de 2007

INFOGRAFÍA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL CLICK




martes, 22 de octubre de 2019

El período de Entreguerras (1919-1939)


El período de Entreguerras (1919-1939)
 Autor: Felipe Pigna
¿Qué pasó después de la Paz de Versalles?
La paz firmada en Versalles por los 30 Estados involucrados en la Primera Guerra Mundial, pronto demostró su fragilidad. Cuatro imperios se habían hundido (Alemania, Austria-Hungría, Rusia y Turquía) y muchos países hasta entonces dominados por ellos, reclamaban su independencia. Las burguesías europeas miraban con gran preocupación la instalación en Rusia (1917) del primer estado socialista del mundo, que había repartido las grandes propiedades entre los campesinos y dado a los obreros el control de las fábricas.
¿Cómo surgió el fascismo?
Italia fue una de las vencedoras de la guerra pero perdió territorios en la Paz de Versalles. Esto fue vivido como una humillación por muchos italianos. A esto se sumaba la grave situación económica y la miseria que había dejado la guerra. Los partidos obreros y los sindicatos organizaron grandes huelgas en las ciudades y los campos. Los patrones temieron que se repita la experiencia de Rusia y le brindaron su apoyo al Partido Fascista creado por Benito Mussolini que prometía volver a las glorias del Imperio Romano y terminar con los socialistas y comunistas. Con el apoyo del gran capital italiano, Mussolini llegó al poder en 1922 para no abandonarlo hasta 1945. Instaló una férrea dictadura -el «Estado Fascista»- en la que existía un solo partido y un solo líder «el Duce», el propio Mussolini.

¿Por qué se produjo la crisis de 1929?
Los Estados Unidos vivieron un período de esplendor durante los años veinte. Fueron los grandes vencedores de la Primera Guerra y su economía era floreciente. Crecieron el lujo y el despilfarro a tal punto que a esta década se la llamó «los años locos». Fue tal el nivel de producción que en determinado momento, aproximadamente 1928, dejó de ser negocio invertir en la industria porque se estaban acumulando muchos productos sin venderse. Entonces comenzó la inversión especulativa en la Bolsa de Comercio de Wall Street hasta que a fines de octubre de 1929, todo se derrumbó. ¿Qué había pasado? Los grandes capitalistas se dieron cuenta de que había demasiado dinero en la bolsa y muy poco en la producción y esto les generó desconfianza y comenzaron a vender sus acciones. Se produjo un verdadero efecto dominó en el que todos vendían pero nadie quería comprar. Estados Unidos entraba en la crisis más grave de su historia.
¿Cuáles fueron las consecuenc ias de la crisis del 29?
En los Estados Unidos la crisis afectó profundamente a los sectores populares. Miles de empresas quebraron y creció enormemente la desocupación. El presidente Roosevelt a partir de 1933 implantó el «New Deal»(nuevo trato) un programa económico y social, tendiente a atender las necesidades del pueblo norteamericano: se multiplicaron las obras públicas y por ende los empleos, se fomentó el consumo interno y se les brindaron créditos a las pequeñas y medianas empresas. En sólo dos años los EE.UU. se recuperaron. El New Deal había demostrado que el estado podía intervenir en beneficio de la gente.

¿Cuáles fueron las consecuencias en América Latina?
Por el nivel de influencia de la economía norteamericana, la crisis se propagó por todo el mundo. Los países latinoamericanos dependían de las ventas de sus productos al exterior, fundamentalmente a Inglaterra y los EE.UU. Con la crisis, los países compradores bajan unilateralmente los precios de estos productos. Esto provoca una fuerte baja en las posibilidades de importar de los países de la región. Así se hizo necesario desarrollar la actividad industrial. De esta forma muchos campesinos se fueron trasladando a las ciudades a buscar empleos en estas nuevas fábricas.
¿Cómo surgió el nazismo en Alemania?
Alemania vivía desde la derrota una situación económica y social gravísima que se vio empeorada por la crisis de 1929. Creció la inflación hasta llegar a límites increíbles. Un boleto de tranvía llegó a costar 13 millones de marcos. El movimiento obrero alemán, históricamente poderoso, hizo oír su descontento con grandes huelgas e intentos revolucionarios. Como en Italia, la gran burguesía alemana, temerosa, buscó terminar a cualquier precio con la «amenaza» obrera y depositó su confianza en el partido nacionalsocialista, conocido popularmente como «nazi», liderado por Adolf Hitler.
¿Cómo fue la política de Hitler?
El fascismo alcanzó su máxima expresión en Alemania con Hitler que llegó al poder en 1933. La vida política, económica, social y cultural quedó bajo el total control del Estado y su policía secreta (Gestapo). Fueron creados los campos de exterminio en los que serán asesinadas más de 10 millones de personas, de las cuales 6 millones fueron judías acusados por Hitler de ser los responsables de todos los males de Alemania. El resto eran gitanos, eslavos, discapacitados, homosexuales y disidentes de todo tipo. En el Imperio de Hitler (Tercer Reich) no había lugar para los diferentes.

¿Cómo reaccionaron las potencias europeas frente al nazismo?
En un principio lo apoyaron y hasta firmaron pactos de amistad con Hitler. Inglaterra, por ejemplo, a través de su canciller Chamberlain, dijo que Hitler era un caballero y aceptó las anexiones de Austria y Checoslovaquia llevadas adelante por Alemania. Las burguesías europeas veían en Hitler un freno a la expansión soviética y un férreo control para las ideologías obreras. La URSS, por su parte también pactó con Hitler y le reconoció sus conquistas. Sólo en 1939, después de seis despiadados años de gobierno y exterminio, Inglaterra y Francia se decidieron a actuar contra Hitler, cuando éste invadió Polonia. EE.UU. lo haría dos años más tarde al igual que la URSS.

¿Qué fue la Guerra Civil Española?
En julio de 1936 el General Francisco Franco dio un golpe de estado contra el gobierno republicano de centro izquierda que acababa de ser elegido. Inmediatamente se formaron dos bandos: por un lado los franquistas, apoyados por Hitler y Mussolini, y por otro los republicanos, apoyados por la URSS, México y decenas de miles de voluntarios de todo el mundo. Se produjo una terrible guerra civil que dejó un saldo de un millón de muertos. El triunfo fue para las fuerzas fascistas que derrotaron a los republicanos en 1939. Franco instauró una dictadura que se prolongó hasta su muerte en 1975.

jueves, 9 de mayo de 2019

Primera Guerra Mundial



Por Cristina Rins.
LA MULTICAUSALIDAD EN LA HISTORIA
 Estudio de Caso:  la 1º Guerra Mundial
Primera Guerra Mundial:  culpables e inocentes, la explicación lineal
La realidad es compleja y los hechos resisten el abordaje lineal. Esto se pone en evidencia cuando se analiza un hecho concreto. Según la historia tradicional, la 1º Guerra Mundial se desencadenó debido al asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio Austro-Húngaro. Su muerte precipitó la intervención armada del Imperio sobre Serbia en represalia, episodio a partir del cual empezaron a intervenir los demás países europeos.
 En el juicio que se hizo a Gavrilo Princip, el joven nacionalista serbio declaró que jamás hubiera cometido el atentado si hubiera sabido que iba a provocar una tan terrible guerra. La declaración de Princip alude a una explicación lineal del conflicto: el asesinato efectuado por él desencadenó una guerra mundial (hipótesis que sostienen la mayor parte de nuestros estudiantes cuando estudian el problema). Sin embargo, aun cuando se acepte que Princip fue culpable de haber precipitado la guerra, esta debería haber sido una guerra local entre el Imperio Austro-Húngaro y Serbia. ¿Por qué una guerra local se transformó en europea? Más aun ¿Por qué una guerra europea se convirtió en guerra mundial?
 Los países vencedores[1] sostuvieron la hipótesis de la culpabilidad del Imperio Alemán en el inicio de la guerra (Cláusula 231 del Tratado de Versailles, 1919). ¿Por qué? Alemania tenía un tratado de alianza con Austría-Hungría por lo cual la respaldó en forma irrestricta y le aseguró su colaboración en caso de que se decidiera atacar a Serbia, defendida por Rusia, quien a su vez estaba aliada con Inglaterra y Francia en la Tripe Entente.
 El sistema de alianzas explica cómo una guerra local se transforma en guerra europea, no obstante, nuevamente se está frente a  una explicación lineal, de bajo poder explicativo para comprender una realidad por demás compleja. Las preguntas se multiplican.
- ¿Por qué es más culpable Alemania de respaldar a Austria-Hungría, que Rusia de sostener a Serbia, o que Inglaterra cuando intervino en la guerra para defender a Bélgica?
- ¿Por qué una guerra europea se transformó en guerra mundial?
La explicación multicausal: De las causas a los motivos ¿Cuál era la situación en Europa y el mundo hacia el 1900?
La 2ª Revolución Industrial había impulsado la expansión territorial en ultramar de las potencias europeas que competían por la posesión de colonias, estas eran mercados para la colocación de sus manufacturas, abastecedoras de materias primas, y puntos estratégicos para defender los imperios coloniales.
 África era considerada por Europa el área natural para su expansión y sus tierras fueron repartidas en diversos acuerdos sellados por las potencias (como el Congreso de Berlín). Japón intervenía en la puja colonial en Asia, como así también los Estados Unidos que se expandían económicamente en el Pacífico, América Central y el Caribe.
 La rivalidad colonial llevó a la rivalidad naval, la carrera armamentista y la competencia descarnada por el poder mundial entre las viejas potencias: Inglaterra, Francia, Rusia y las nuevas potencias: Alemania, Austria-Hungría, Italia. El punto en discusión era si las nuevas tenían derecho a disponer de una parte de los mercados mundiales que controlaban las viejas potencias; lo ilegítimo –aparentemente- eran las pretensiones de los recién llegados, ya que en ningún momento las metrópolis pusieron en duda sus derechos para estar en la Inda o en Sudáfrica, en Indochina o Argelia. Los recién llegados tampoco lo cuestionaron, solo querían su parte. Estados unidos parecía estar más allá de las rencillas “domésticas” de Europa, manteniéndose alejados con su política aislacionista.
 El nacionalismo empezó a dar cuenta simultáneamente, de la resistencia de distintas sociedades a ser dominadas por los países en expansión y cuestionaron los derechos de estos a imponerles una anexión forzada. Las resistencias que se advertían en la misma Europa –Serbia, por ejemplo-, luego se van a extender a las colonias, iniciándose los movimientos independentistas que harán eclosión después de la 2ª Guerra Mundial.
 La obligada participación de las colonias en la lucha de las metrópolis explica que la guerra europea pasara a ser una guerra mundial. El conflicto terminó por extenderse a todos los continentes con la inclusión de los Estados Unidos, que se incorporaron en 1917 para defender sus intereses comerciales afectados por una eventual victoria de los Imperios Centrales (ante el retiro de Rusia del frente oriental, afectada por las revoluciones menchevique y bolchevique, 1917) y la guerra submarina irrestricta declarada por Alemania.
¿Qué hace visible el análisis multicausal?
El análisis multicausal permite salir del corto plazo y analizar no sólo las causas, sino también los motivos de los países en lucha. Las causas explican hacia el pasado las condiciones que hicieron posible el desarrollo de un hecho, pero los motivos explican lo que los contendientes querían lograr en su futuro, el móvil de sus acciones, los cambios que querían introducir en su presente para que un futuro diferente fuera posible.
 La multicausalidad facilita pensar el tiempo largo y los escenarios alternativos  en un análisis prospectivo (hacia el futuro).
De la lógica de la guerra a la lógica de la cooperación
Un factor que falta analizar en las condiciones que hicieron posible la Gran Guerra es la lógica misma de la guerra vigente en los inicios del siglo XX. En ese entonces, nadie cuestionaba la guerra como un medio para obtener fines, era considerada un instrumento razonable y legítimo de política internacional.
 Los resultados de la guerra fueron terribles para Europa. Los vencidos quedaron en ruinas, sus territorios fragmentados, sus economías destruidas, la población civil muy afectada y dividida detrás de las fronteras de los nuevos países que diseñaron los vendedores: Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia… Los vencedores no quedaron mucho mejor, excepto que preservaron sus territorios, no obstante, se debilitaron a tal punto que Europa perdió la hegemonía mundial.
 La situación de Estados Unidos fue diferente: habían entrado en la guerra hacia el final, las acciones no se desarrollaron en su territorio, las industrias quedaron funcionando a pleno, su población civil fue tangencialmente afectada por los sucesos lejanos, los daños sufridos fueron mínimos. Emergieron de la guerra como la nueva potencia mundial. Sin embargo, fue el presidente norteamericano Woodrow Wilson quien propuso los 14 Puntos para un nuevo orden de posguerra, el último punto constituía un desafío para la lógica de la confrontación imperante: proponía crear la Sociedad de las Naciones, un organismo cuyo objetivo fundamental sería construir la paz a través de la cooperación internacional para que los pueblos no tuvieran que enfrentar nuevamente el horror de la guerra.
De la culpabilidad a la responsabilidad de la guerra
Parecería que sólo cuando las políticas agresivas de un país –o un grupo de países- se vuelven contra ellos mismos, se puede producir un salto cualitativo como fue en este caso la idea de la búsqueda de la paz a través  de la cooperación. Una idea muy desafiante porque supone la construcción de otra lógica: más allá de las culpabilidades, todos los contendientes fueron responsables por igual de conducir a sus países a la guerra y de haberla sostenido hasta sus últimas consecuencias. Todos los contendientes por igual atravesaron una pesadilla que marcó a fondo el siglo XX.
 Fue Wilson el primero en imaginar otras posibilidades para el mundo, sin embargo, su idea fue resistida por su propio país (que se negó a participar en la Sociedad de las Naciones), al igual que por Europa (cuyas potencias la boicotearon pensando que les retaceaba poder). Es a través de todo el siglo XX, un siglo extremadamente violento, y quizás por eso mismo, que la idea de la construcción de la paz a través de la cooperación comienza a abrirse camino lentamente. La idea aparece a medida que se advierte que perderé el control de la propia violencia es abrir la caja de Pandora con su carga de males, sufrimientos, fatigas y muerte. La conciencia, demorada, se fue  haciendo cargo gradualmente de la propia participación en los resultados indeseados de las acciones realizadas, la conciencia se resiste a focalizar o comprender el rol de cada uno en el juego feroz de la violencia.
 La conciencia regula la intervención de la razón para controlar las emociones y los instintos que son muy fuertes. Se produce un salto cualitativo hacia la construcción de la paz y la cooperación cuando surge el miedo a uno mismo, el miedo a aquello en lo que cada uno se puede transformar a través de la violencia: en lo más odiado, en lo que más se rechaza en el otro. Es el esfuerzo de la conciencia deliberada la que va permitiendo adoptar acciones decididas que garanticen la construcción de condiciones que irán haciendo posible gradualmente la paz y la convivencia.
Como en la caja de Pandora, queda en el fondo encerrada y a salvo la esperanza.


[1] La Triple Entente estaba integrada por Gran Bretaña, Francia y Rusia, luego se incorporaron Estados Unidos y Japón (único país que en la 2ª Guerra Mundial cambia de bando).
La Triple Alianza estaba integrada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, Italia no participó en la guerra en un principio y luego lo hizo del lado de la Entente, el Imperio Turco apoyó luego a Alemania 

INFOGRAFIA SOBRE PRIMERA GUERRA MUNDIAL: CLIK AQUI

lunes, 8 de abril de 2019

Texto de Eduardo Galeano (4to Humanidades- 4to. Naturales)



África servida en la mesa de Europa  (de Eduardo Galeano,  en “ESPEJOS”)
…Entonces Europa emprendió, África adentro, la conquista colonial. Antes, los hombres de las tierras frías no habían pasado más allá de los puertos donde compraban negros, pero en esos años los exploradores se abrieron paso en las tierras calientes, y tras ellos llegaron los guerreros, montados en los cañones, y tras ellos los misioneros, armados de cruces, y tras ellos los mercaderes. Las cataratas más prodigiosas y el lago más inmenso del África se llamaron Victoria, en homenaje a una reina no muy africana, y los invasores bautizaron ríos y montañas, creyéndose el cuento de que descubrían lo que veían. Y ya no se llamaron esclavos los negros sometidos a trabajo esclavo.
  En 1885, en Berlín, al cabo de un año de mucho pugilato, los conquistadores pudieron ponerse de acuerdo en el reparto.
  Tres décadas después, Alemania perdió la primera Guerra Mundial y de paso perdió también las colonias africanas que le habían tocado.
  Para entonces, ya hacía rato que Friedich Hegel había explicado que África no tenía historia y que sólo podía resultar interesante para el estudio de la barbarie y el salvajismo, y otro pensador, Herbert Spencer, había sentenciado que la civilización  debía borrar del mapa a las razas inferiores, porque sea humano o bruto, todo obstáculo debía ser eliminado.
  Se llamaron era de paz mundial las tres décadas que desembocaron en la guerra de 1914. En esos dulces años, la cuarta parte del planeta fue a parar al buche de media docena de naciones.

martes, 12 de marzo de 2019

Ventanas sobre la Memoria (de Eduardo Galeano)

I
A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.

Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.

Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoje los pedacitos y los incorpora a su arcilla.

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II
Un refugio?

¿Una barriga?

¿Un abrigo para esconderte cuando te ahoga la lluvia, o te parte el frío, o te voltea el viento?

¿Tenemos un espléndido pasado por delante?

Para los navegantes con ganas de viento, la memoria es un puerto de partida.

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III
Quien nombra, llama. Y alguien acude, sin cita previa, sin explicaciones, al lugar donde su nombre, dicho o pensado, lo está llamando.

Cuando eso ocurre, uno tiene el derecho de creer que nadie se va del todo mientras no muera la palabra que llameando, lo trae.



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IV
Bajo la mar viaja el canto de las ballenas, que cantan llamándose.

Por los aires viaja el silbido del caminante, que busca techo y mujer para hacer noche.

Y por el mundo y por los años, viaja la abuela.

La abuela viaja preguntando:

-¿Cuánto falta?

Ella se deja ir desde el tejado de la casa y navega sobre la tierra. Su barca viaja hacia la infancia y el nacimiento y antes:

-¿Cuánto falta para llegar?

La abuela Raquel está ciega, pero mientras viaja ve los tiempos idos, ve los campos perdidos: allá donde las gallinas ponen huevos de avestruz, los tomates son como zapallos y no hay trébol que no tenga cuatro hojas.

Clavada a su silla, muy peinada y muy limpita y almidonada, la abuela viaja su viaje al revés y nos invita a todos:

– No tengan miedo – dice – . Yo no tengo miedo.

Y se desliza la leve barca por la tierra y el tiempo.

– ¿Falta mucho? – pregunta la abuela, mientras va

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V
Viaja la luz de las estrellas muertas, y por el vuelo de su fulgor las vemos vivas.

La guitarra, que no olvida a quien fue su compañero, suena sin que la toque la mano.

Viaja la voz, que sin la boca sigue.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Revolución Rusa


Rusia 1917: Tres revoluciones en una
(Lidia Miranda, en Revista Criterio 2443, 2017)
En estas últimas semanas se habló mucho del legado de la revolución rusa. No cabe duda de que conserva una poderosa capacidad de interpelar a las sociedades del siglo XXI. Quizás una clave resida en su compleja naturaleza. Es hija de la revolución francesa, que fue una revolución política y social al mismo tiempo. Pero también lo es de la revolución industrial, con todas sus implicancias, que llegan a terrenos insospechados como la familia, las costumbres, la geografía, la naturaleza, las ciencias y las artes.
Las tres caras de la revolución rusa
En febrero (marzo) se produjo una revolución política que se inició con el colapso del zarismo, un régimen que se había vuelto anacrónico, y concluyó en octubre (noviembre) con la toma del poder por los bolcheviques. La revolución política fue a su vez doble: por un lado, el colapso de la dinastía de los Romanov, que dejó un juego abierto con varias alternativas; por otro, la toma del poder por los bolcheviques en octubre y su consolidación luego de ganar la guerra civil. Finalmente, terminaron por hacer realidad la metamorfosis de la vieja Rusia en la vanguardista Unión Soviética.
Fue asimismo una revolución social que trastornó las jerarquías tradicionales, derribó prejuicios y viejas creencias, anuló el prestigio arcaico de las aristocracias y la deferencia por parte de los sectores subalternos. En pocas palabras, permitió que se le abriera el paso a una sociedad que aspiraba a ser más igualitaria. O al menos, motorizó la expectativa de lograrlo, algo imposible bajo la opresiva época de los zares. Esto se reflejó en las estructuras sociales, la composición familiar, el papel de la mujer, las expresiones culturales y estéticas imbuidas de la fiebre vanguardista. La sociedad se vio profundamente trastocada, así como las aldeas rurales e incluso las ciudades, sometidas al esfuerzo bélico primero y, más tarde, al hacinamiento de los planes quinquenales.
En tercer lugar, sentó las bases de una completa revolución industrial, sumamente original, por cierto, dado que innovó en materia de planificación, algo a lo que Occidente sólo se había asomado muy tímidamente. Ese proceso no fue irrelevante, puesto que habilitó a la URSS a convertirse en pocas décadas en superpotencia, con una capacidad industrial que habría sido inimaginable en 1917. Y buena parte de ese proceso se dio a contrapelo de Occidente, en crisis desde 1929. La revolución transformó la economía, alteró el tradicional equilibrio campo/ciudad, llevó a que se levantaran urbes de la nada, modificando incluso el paisaje y la naturaleza.
Si la revolución rusa contiene tres revoluciones en una, cabe argüir que supera en proporciones y significación a la revolución francesa. Esta última fue una revolución social y política, pero en absoluto industrial. La rusa es por tanto un hito mayúsculo en la historia del siglo XX. Así, ¿pueden sus causas ser minúsculas?
Un complejo abanico de causas
Los historiadores prefieren unas u otras explicaciones según infinidad de criterios. Los héroes no faltan, dado que los hay en gran número en esta historia, y para ello basta con cotejar el panteón de próceres que construyó la épica revolucionaria. La tentación historicista está latente. Además, el comunismo les dio a los líderes revolucionarios una sólida preparación política, aunque no se puede pasar por alto que en febrero de 1917 se vieron sorprendidos por el modo en que se precipitaron los acontecimientos. Sea como fuere, los revolucionarios son importantes actores, pero necesitan de las condiciones históricas, que no creían sin embargo mayormente favorables, al menos a priori
No lo parecían por varias razones. El agotamiento de un régimen escasamente popular que se enredó en una guerra mundial que no controlaba podía ser un buen terreno, pero la sociedad estaba exhausta y el gobierno se favorecía con esa inercia; la debilidad de la burguesía y del liberalismo en una Rusia que había dejado la servidumbre apenas medio siglo antes y que lo había hecho a desgano, sin alentar la modernización de la sociedad, también cuentan. Incluso podría hablarse del fracaso de todo intento de modernización, por más tibio que haya sido luego del asesinato del zar Alejandro II, con el consecuente endurecimiento político de sus sucesores, que retrocedieron a la más dura autocracia. También la derrota en la guerra ruso japonesa, no sólo humillante a nivel internacional sino debilitante para un gobierno que dependía de la coerción más que de cualquier otra cosa; de ahí que todo el mundo tuviera bien claro que nada había cambiado cuando se creó la Duma. Y a todo ello hay que sumar un país de extensos latifundios y con escasa inversión por parte de sus dueños, que trabajaban la tierra con técnicas envejecidas.
Las reformas que se intentaron fueron insuficientes y sin demasiado entusiasmo, por ejemplo, la industrialización emprendida a fines del siglo XIX que, si bien importante, no tuvo posibilidades reales de alterar las estructuras sociales ni económicas de la Rusia profunda. En efecto, fueron pensadas más para preservar el poder del zar que para expresar un compromiso sincero por modernizar y hacer progresar el país. La sumatoria de estos factores explica la inesperada coyuntura revolucionaria que contra todos los pronósticos se produjo en 1917, en el país menos esperado, sin clase obrera casi y sin haber transitado previamente ninguna revolución burguesa –la experiencia decembrista no fue más que una fugaz primavera de la que nadie se acordaba a comienzos del siglo XX–.
Presto vivace e finale
En 1917 el régimen zarista no pudo seguir funcionando con la inercia que le daban siglos de opresión. La situación se había modificado con la Primera Guerra Mundial (1914-1918). No fue una guerra más sino un conflicto capaz de consumir todas las energías sociales, deshacer sistemas de valores, estructuras de poder, jerarquías y relaciones de autoridad, haciendo de la sociedad una suerte de tabula rasa; además, movilizó pasiones, a favor y en contra, dado que necesitaba poner en marcha a los soldados y sostener todo ese esfuerzo social.
La guerra y la revolución se entrelazaron en 1917, así como lo habían hecho en 1905 en la misma Rusia, en Francia en 1870 con la Comuna, para poner antecedentes a los que se parece esta relación entre guerra y revolución, que casi no fue contemplada por la teoría marxista de la revolución. Y se repitió igualmente en España en 1936 y en China durante la invasión japonesa en la década de 1930. Antes de que llegara Lenin al poder, la guerra ya había provocado una completa revolución en las estructuras sociales, económicas y políticas de Rusia, y amenazó con provocar escenarios parecidos también en otras geografías. De cómo las guerras producen revoluciones podría denominarse también este artículo.
La revolución empezó 
ya durante la guerra, antes de 1917 o de la vuelta de Lenin a Rusia en abril. La guerra puso a prueba la autoridad del zar y llevó al punto de erosionarla, cuando éste se dispuso a cumplir los compromisos bélicos con Occidente contra el clamor de la sociedad rusa y de la calle. Además, en un gobierno personal, autocrático, la responsabilidad reposa sobre una sola cabeza y esto es un riesgo porque es quien tiene que dar la cara por los errores y pagar las consecuencias. La revolución política ya se sentía en el aire cuando Rasputín estuvo en boca de todos: la tradicional autoridad del zar se encontraba deslegitimada.
Por otro lado, en Rusia la guerra también provocó una revolución social; la sociedad que llegó a 1917 ya había abandonado la tradición. El conflicto total de 1914 exigió reclutamiento de masas, en un país donde las masas carecían de los derechos más elementales. Miles de campesinos pobres se convirtieron en soldados mal provistos y mal alimentados, mientras los oficiales, que habían sido sus señores en tiempos de paz, daban las órdenes. No era posible que se unieran para conformar la heroica nación en armas: no hubo union sacrée, puesto que no podía haber un nosotros que los mancomunara. Definitivamente, la guerra no era una causa “nacional” para estos soldados. Era la tropa la que debía poner el cuerpo, ir al frente en primera línea y era duramente castigada en caso de deserción. La guerra no hizo la nación, sino la revolución. El reclutamiento en masa aceleró el reclamo por mayor igualdad social. A diferencia de Occidente, Rusia no era una sociedad de masas, donde éstas hubieran sido integradas a través de la extensión de los derechos o de políticas de nacionalización.
La guerra también lanzó en Rusia la primera piedra de la revolución industrial. No porque sea posible argüir que ésta haya tenido su inicio durante el conflicto, sino porque se advirtió ahí con claridad que no se podía ganar una guerra de masas sin industria y que Rusia en este terreno dejaba mucho que desear (el conflicto armado de 1914 sobre-exigió la economía de todos los países involucrados). El pobre desempeño militar no fue sólo producto de la limitada industria rusa, sino también de sus arcaicos métodos de producción rural que impedían obtener los excedentes que el esfuerzo bélico requería. No sólo se necesitaba una revolución industrial sino una transformación en el campo que acompañara toda la modernización de la economía. Pero los campesinos a duras penas podían sostener una economía de subsistencia, que se volvía insuficiente en tiempos de guerra de masas, con miles de soldados para alimentar.
Así, las condiciones impuestas por la guerra trazaron la agenda de la revolución. Por ello, cuando en febrero de 1917 asumió el gobierno provisional, y se vio que éste no avanzaba en los cambios sociales o económicos esperados, se cavó su propio foso. En octubre (noviembre), los bolcheviques llegaron para hacer cumplir las promesas de la triple (o cuádruple) revolución.

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La autora es historiadora e investigadora del Conicet.