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lunes, 15 de abril de 2024

Las etapas de la Revolución Industrial


Primera etapa:
Comenzó en Inglaterra hacia 1760. Se empezaron a utilizar nuevas maquinarias a vapor. A partir de estas mejoras en la industria textil, se modificó la organización del trabajo en una nueva unidad de producción: la fábrica.  A  través de la relación salarial se vincularon dos nuevos grupos sociales: obreros  y burguesía industrial. Canales y ferrocarriles fueron los principales medios de transporte.
Segunda etapa: 
 Se inició en torno a 1870. Se caracteriza por mejoras decisivas en los transportes y comunicaciones, que generaron una economía en escala internacional. Se utilizaron las nuevas fuentes de energía del petróleo y electricidad. Expansión de nuevas industrias eléctrica, química y siderúrgica. Industrialización de Alemania, Francia, EE.UU.
Tercera Etapa: 
Corresponde a fines de siglo XX hasta la actualidad, desarrollo de las tecnologías de la información, electrónica y robótica aplicada a la producción de bienes.

La División Internacional del Trabajo a fines del Siglo XIX

 

Hacia fines del siglo XIX, el desarrollo industrial no era igual en todos los países. En el continente europeo, Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica tenían un importante desarrollo económico. Entre ellos se destacaba Gran Bretaña, que se había convertido en la principal potencia económica mundial.

 

    Los nuevos medios de transportes y comunicaciones permitieron establecer intercambios comerciales aún entre zonas muy alejadas. A partir de ese momento casi todos los países del mundo comenzaron a estar vinculados comercialmente.

 

    Poco a poco, la economía mundial se fue organizando de acuerdo con lo que producía y, por lo tanto, con lo que vendía en el mercado internacional. Mientras los países de Europa Occidental, Estados Unidos y Japón se especializaban en la producción de bienes industriales, el resto de los países se dedicaron a la producción primaria (materias primas y alimentos). A este sistema de especialización de la producción e intercambio se lo denominó División Internacional del Trabajo.

 

    Así, el mundo quedó dividido en dos áreas:

• la de los países industriales o centrales y

• la de los países de producción primaria o periféricos.

 

    Pero no sólo se intercambiaban productos. Grandes empresarios, banqueros y ricos comerciantes de los países industriales invertían parte de sus capitales en los países periféricos, sobre todo en ferrocarriles y en otras actividades vinculadas a la producción primaria (producción de alimentos y materias primas).

 

    Además en este período millones de personas se trasladan de países centrales a periféricos en busca de trabajo.




lunes, 16 de abril de 2018

¿QUÉ ES LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y CÓMO AFECTARÁ NUESTRO TRABAJO?

Por Cecilia González

Se trata de un nuevo paradigma de organización de los medios de producción en el que convergen tecnologías digitales, físicas y biológicas -neurotecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D- que transformará no sólo la naturaleza del trabajo sino todos los aspectos de la vida, “hasta lo que significa ser humano” según los especialistas. No se trata de un conjunto de tecnologías -digitales, físicas y biológicas- emergentes sino de una interrelación compleja entre éstas, una verdadera convergencia que dará lugar a nuevos sistemas construidos sobre la infraestructura de la revolución digital anterior (cuyos orígenes se rastrean desde mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones).
Nuevas fábricas
Quizás el objetivo principal de la cuarta revolución industrial sea la puesta en marcha de un nuevo tipo de planta industrial, el de las “fábricas inteligentes”: unidades de producción completamente automatizadas a partir de sistemas ciberfísicos que combinarán maquinaria física y tangible con procesos digitales, las cuales serán capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre los mismos sistemas y con los humanos- mediante el internet de las cosas.  El fin es el de llegar a un desarrollo industrial que perfeccione los procesos de manera tal de adaptarse a las necesidades del negocio, así como a una asignación más eficiente de los recursos.
El futuro del trabajo
El primer dato que se presenta no suena alentador: unos cinco millones de puestos de trabajo de los 15 países más industrializados del mundo podrán desaparecer. Sin embargo, esos empleos podrán transformarse en otro tipo de trabajo cuya forma aún no podemos siquiera imaginar: “El futuro del empleo estará hecho de trabajos que no existen, en industrias que usan tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que ningún ser humano jamás ha experimentado”, explica David Ritter, CEO de Greenpeace Australia/Pacífico.
Las industrias serán impulsadas por cuatro motores: “un aumento de los volúmenes de datos que manejan las empresas industriales; ordenadores cada vez más potentes y baratos; capacidad de analizar los datos de los procesos; y continua mejora en la interacción de personas con máquinas, robots e impresoras 3D (lo cual) reduce costes, mejora las cadenas de producción y aprovecha las nuevas bases de datos”, tal como señala de Pablos.
Por su parte, Wolfgang Wahlster, director del Centro Alemán de Investigación de Inteligencia Artificial, señala que la robotización de la economía no significará una total desaparición de empleos. “Los robots tienen una gran capacidad lógica y de gestión del big data, pero la inspiración, la intuición y la creatividad quedan lejos de su alcance”. La creatividad, precisamente, se convertirá en una de las competencias profesionales más demandadas para sacar provecho al mix de nuevas tecnologías y formas de trabajo”.
Así las cosas, todo parece indicar que el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse. En este sentido, el Foro Económico Mundial señala cuáles son las 10 principales competencias que los trabajadores deberán desarrollar para poder sobrevivir a esta nueva oleada, a saber: solución de problemas complejos; pensamiento crítico; creatividad; gestión de personas; coordinación de equipos; inteligencia emocional; análisis y toma de decisiones; orientación del servicio; negociación y flexibilidad cognitiva. Asimismo, el WEF destaca que unos 1,9 millones de trabajadores altamente cualificados podrían hacer falta en 2020, lo cual equivale a una buena noticia, siempre y cuando las personas logren adaptarse a los cambios y transformaciones inherentes a la nueva era.

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